Terminator II y l@s muchach@s de la CIT: reflexiones inoportunas sobre su programa político

1) El T-1000 y el T-800: breve análisis confederal de dos antagonistas

Recientemente, la Secretaria Confederal de Formación y Estudios de la CNT (CIT) ha publicado su programa político titulado “Una revolución para el siglo XXI”. Antes de entrar, en detalle, en un análisis del mismo quisiera destacar una expresión del documento que me llamó la atención:

“La CNT abandonó las viejas formas que nos habían llevado a la irrelevancia social y política de las décadas anteriores”.

Capaz que ‘abandonar’ no sea la mejor palabra considerando que lo que entienden por estas ‘viejas formas’ son, en realidad, una serie de sindicatos a los que se ha llevado a los tribunales para que dejen de utilizar las siglas históricas CNT-AIT. Sacrificio necesario, según esta organización, para devenir así un sindicato nuevo y más ‘eficaz’ como se encargan de cacarear, constantemente, en su aséptica y blancuzca propaganda de ‘office’ sindical. El psicólogo Marcello Gallo de Urioste nos recordaba, en su blog, que pocas películas de acción han dejado una huella tan profunda en la cultura popular como Terminator 2: Judgment Day (James Cameron, 1991): un film que plantea una pregunta radicalmente humana: ‘¿Podemos cambiar el futuro, o estamos destinados a repetirlo?’.

En ella, Sarah Connor, está ingresada en un psiquiátrico. Algunos años antes, un viajero del tiempo le había revelado que su hijo John sería el salvador de la humanidad en un futuro -año 2029- dominado por las máquinas. Cuando un nuevo androide mejorado, un T-1000, llega del futuro para matar a su hijo, un viejo modelo T-800 será enviado para impedirlo. Lo que diferencia al T-1000 del T-800 (interpretados, respectivamente, por Robert Patrick y Arnold Schwarzenegger) es que su alto desarrollo tecnológico es, directamente proporcional, a su falta de empatía humana: lo contrario del T-800 quien acaba estableciendo una relación especial con John Connor ¿Se trata de una relación de proporción necesaria?

El sociólogo alemán Max Weber diferenció siempre entre una ‘racionalidad orientada a fines’ (Zweckrationalität) y una ‘racionalidad orientada a valores’ (Wertrationalität): una es más flexible (si un medio no funciona, se cambia por otro) y la otra es más rígida (lo importante es la fidelidad a un sistema de valores o ideal). Por otra parte, Zygmun Bauman en ‘Modernidad y Holocausto’ (1989) argumenta que fue, precisamente, el triunfo de la primera sobre la segunda lo que llevó al holocausto nazi con la sustitución de la moral por la eficacia técnica. Algo que da para pensar. Precisamente, en la “Moral Anarquista” (1889), el teórico anarcocomunista Piotr Kropotkin, defiende la sociabilidad natural del ser humano y el dar sin esperar nada a cambio: lo contrario del teórico anarcocolectivista Mikhail Bakunin quien, anteriormente, en ‘Estatismo y anarquia’ (1873), había defendido recibir en función del propio trabajo (una etapa, ideológicamente, anterior del anarquismo).

Al final de Terminator 2: Judgment Day el fin del T-1000 se produce porque su aleación de metal liquido le hace vulnerable a las temperaturas extremas de frio y calor. El 15 de julio de 2023, hubo una fuerte polémica porque la CNT (CIT) de Barcelona protagonizó un acto tránsfobo en su local de Nou Barris, con la ponencia de la delatora policial de estudiantes y profesores de la UAB, Silvia Carrasco. Y si bien la Secretaria Confederal de CNT se desmarcó del acto, no hubo proceso de expulsión del sindicato organizador. Lo que si hubo es un caluroso proceso de aislamiento social y político de este por parte del conjunto del movimiento libertario y transfeminista ¿Quizás vincularse a sectores feministas mainstream, con conexiones con el PSOE y sectores de la antigua ICV, fuera la manera que entendía la CNT (CIT) de Barcelona de ser ‘eficaz’ al margen de toda moral anarquista?

Y precisamente, al morir el T-1000 en Terminator 2: Judgment Day va recordando estructuras y personas en las que se había metamorfoseado a lo largo del film. Es decir, el colapso de su sistema hace que tenga una regresión a formas pasadas. ¿Cómo si la reproducción de su ‘historia’ fuera un desesperado último intento de sobrevivir? Demasiada imaginación, quizás, pues solo es una maquina antropomórfica.

2) Del sindicalismo revolucionario al sindicalismo burocrático peronista en Argentina

En el año 2002, Mario Gasparri de la ‘Confederación General del Trabajo de la República Argentina’ (CGTRA) escribió el articulo ‘Brevísima Historia del Movimiento Obrero Argentino’. Se trata de un escueto resumen por el que bailan entre sus páginas varias siglas e ideologías de forma totalmente enrevesada. Así señala que, en 1909, se fundó la ‘Confederación Obrera Regional Argentina - CORA’ de tendencia sindicalista pero que venía de la socialista ‘Unión General de Trabajadores – UGT’. Mario Gasparri señala que su rechazo a la dirección política de los partidos también incluyó la desestimación de la propuesta anarquista. La ‘Federación Obrera Regional Argentina - FORA’ no respondió a su llamado de unidad y dicha CORA se autodisolvió en su seno en 1914.

Ahora bien, la FORA se dividió, a su vez, en la del Vº Congreso (anarquista) y la del IXº (sindicalistas revolucionarios y socialistas) en un proceso en el que la segunda acabó arrinconando a la primera. Socialistas y sindicalistas revolucionarios se separan y vuelven a juntarse: en 1926, con la Confederación Obrera Argentina – COA y la Unión Sindical Argentina – USA, respectivamente, y en 1930 con la Confederación General del Trabajo – CGT. Y en 1935, aun se reconstituirá la USA, alejándose los sindicalistas, de la CGT. Los sociólogos marxistas argentinos Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero nos recuerdan, aun, en ‘Estudios sobre los orígenes del peronismo’ (1971) como la USA irá perdiendo importancia y, a principios de la década de los 40, solo contará con 14.000 afiliados contra más de 300.000 de la CGT.

Aun así, en 1943, la CGT se halla nuevamente dividida en la nº1 y la nº2: la primera, integrada por socialistas y sindicalistas revolucionarios que habían experimentado un proceso de moderación (dirigidos por José Domenech, de la Unión Ferroviaria) y la segunda por socialistas, más integrados en la estructura partidaria, y comunistas (dirigidos por Francisco Pérez Leirós, dirigente de los trabajadores municipales y diputado nacional). El golpe militar de 1943, en Argentina, que puso fin al sistema oligárquico de la llamada ‘Década Infame’ (1930-1943) facilitó la llegada al poder de Juan Domingo Perón, desde su cargo en la Secretaria de Trabajo y Previsión Social, que aunque impulsó algunas mejoras laborales (como los convenios colectivos, aumentos salariales y vacaciones pagadas) fue a costa del proceso de cooptación autoritaria del movimiento sindical (el 21 de julio de 1943 la CGT nº 2 ya había sido clausurada por el gobierno y la nº 1 intervenida).

Así vemos, como la maraña de siglas entre socialistas y sindicalistas revolucionarios parece acabar, históricamente, con la paradoja de que los primeros se hacen con la hegemonía política (CGT frente a la USA) a la vez, pero, que los primeros (al menos su militancia sindical) van pareciéndose cada vez más a los segundos (caso de la CGT nº1) que, por su parte, serán cada vez más moderados. Recordemos que, en los orígenes, del sindicalismo revolucionario argentino (la CORA de 1909) está tanto el rechazo a la dirección política de los partidos como ‘la desestimación de la propuesta anarquista’. Y en relación a esto, las historiadoras argentinas Glenda Miralles y Silvina Funa nos recuerdan en ‘La tendencia sindicalista en el movimiento obrero argentino (1900-1955)” lo siguiente respecto a la división entre la FORA del Vº y el IXº Congreso:

“Esta división se genera a partir de que los sindicalistas ofrecían una alternativa más flexible y más pragmática sin renunciar al idealismo revolucionario”.

Es decir, más orientada a fines que a valores según la concepción sociológica weberiana. Entonces se puede establecer una línea histórica, más o menos tortuosa, que va de la CORA, la FORA IXº Congreso, la USA y la CGT nº1 y que desemboca en el sindicalismo burocrático peronista. Es el resultado político final del sindicalismo revolucionario desgajado de la orientación ideológica anarquista des de los tiempos de la CORA.

3) Por los principios sociales que la CIT ha establecido

En el programa político de la CNT (CIT), concretamente, en su capítulo sobre ‘sindicalismo revolucionario y síntesis anarcosindicalista’ se habla de los orígenes de la CGT francesa, las Bolsas de Trabajo y el Congreso de Amiens de 1906. Todos hitos del sindicalismo revolucionario. También de la Primera Internacional, la facción bakuninista española y la Huelga General de 1902 como orígenes del anarcosindicalismo. Es de destacar también como empieza el capítulo:

“El sindicalismo revolucionario plantea un proceso por el cual una clase obrera unificada bajo una central sindical puede tomar todas las funciones que realiza el Estado”.

Es de lógica que en un texto programático se tiende a la síntesis, pero, aun así, los ejemplos y omisiones pueden significar algo más de lo que parece. En mi opinión, uno de los mejores análisis históricos de la ideología de la CNT es la obra de Antonio Bar ‘La C.N.T. en los años rojos: del sindicalismo revolucionario al anarcosindicalismo (1910-1926)' publicada en el año 1981. Diferencia, claramente, entre la tendencia sindicalista revolucionaria y la anarcosindicalista: respecto la primera, le atribuye posiciones cada vez más moderadas cuya prioridad era conseguir un fortalecimiento orgánico antes de lanzarse a la acción revolucionaria y encabezada por figuras como Salvador Segui y Ángel Pestaña. La segunda, que triunfó en el Congreso Nacional de 1919, estaba integrada por los sectores de militantes anarquistas de la CNT. Si bien Antonio Bar dice también que:

“Aunque habían logrado imponer sus concepciones al conjunto de la Confederación, en la práctica, un amplio sector de los que estarían adscritos a esta corriente ideológica, formaría, por su actitud más moderada, en el grupo de los que seguían la tendencia sindicalista”.

El análisis de Antonio Bar se complejiza, entonces, ya que afirma que, si bien los anarcosindicalistas derrotaron, ideológicamente, a los sindicalistas revolucionarios, en el Congreso Nacional de 1919, en la práctica tenían a un grupo seguidor de estos últimos en su seno (tenemos que entender, también, que estamos hablando de corrientes informales de opinión no formalmente constituidas). Y sobre la corriente sindicalista revolucionaria Antonio Bar dice otra cosa que me parece clave:

“Pero la visión sindicalista revolucionaria no excluía, como ya dijimos anteriormente en más de una ocasión, una concepción personal anarquista, ni implicaba la negación de que, en todo caso, el anarquismo operase como una orientación general, de tipo moral; pero nunca como una ideología política”.

Si bien, para el caso del sindicalismo revolucionario argentino, Mario Gasparri nos habla de una desestimación de la ideología anarquista y, para el mismo caso español, Antonio Bar de su reducción a una orientación general de tipo moral, el resultado es un progresivo proceso de moderación que, para el caso argentino, desemboca en la participación dentro del Estado peronista y, para el caso español, en la defensa por parte de Segui de las ‘Comisiones Mixtas’ con el Estado en 1919 y de Ángel Pestaña en la creación del ‘Partido Sindicalista’ en 1934. Es interesante ver, también, que de la misma manera que la victoria política, en el seno del movimiento obrero argentino, de los socialistas frente a los sindicalistas revolucionarios es irónica pues, al final, las organizaciones resultantes acaban pareciéndose más a los planteamientos del sector derrotado, lo mismo pasa en el seno de la CNT con la victoria también paradójica de anarcosindicalistas frente a sindicalistas revolucionarios.

Por otra parte, respecto a la cita de la CIT, habría que decir que el sindicalismo revolucionario, desgajado de la orientación ideológica anarquista que reduce al ámbito moral, no substituyó, en la práctica, las funciones del Estado, sino que se integró en este como organización paraestatal.

Veamos un ejemplo que podría ser paradigmático de lo que estamos diciendo. En el año 2020, ‘El Viejo Topo’ publicó el libro de Josep Burgaya “Populismo y relato independentista en Cataluña ¿Un peronismo de clases medias?” donde el autor se encarga de puntualizar que el nacional-populismo en Cataluña (forma en la que define el “procés” independentista) poco tiene que ver con las teorías de Ernesto Laclau, Chantau Mouffe y menos con el contexto social, político y económico sudamericano al que asociamos, tradicionalmente, estas categorías. En el primer caso, estamos hablando del protagonismo político de unas clases medias, fundamentalmente, asustadas, por el proceso de proletarización provocado por la globalización capitalista, mientras que, en el segundo, de un sujeto social heterogéneo formado por la clase media proletarizada, la clase obrera (o lo que queda de ella) y sectores marginados.

Ahora bien, esta fundamental diferencia no fue óbice para que, el 3 de octubre de 2021, la CNT (CIT) participara en un acto de la “Plataforma 3 de octubre” junto con la Asamblea Nacional de Catalunya (ANC) y otros similares. Entiendo que una cosa es denunciar la represión policial del 1 de octubre y la otra es entrar en una dinámica de convergencia interclasista con organizaciones que nada tienen que ver con el anarcosindicalismo y la lucha de los trabajadores: de hecho, esta postura fue criticada, en su momento, por otros sectores del anarquismo y la CNT-AIT.

4) Concluyendo…

En los discursos de la militancia de la CNT (CIT) es recurrente, desde hace años, expresiones como ‘eficacia’ y ‘salir del gueto’. Creo que esto es centrar el problema donde no está. No se trata de que el anarcosindicalismo vaya a crecer utilizando categorías provenientes del mundo de los negocios ni de que su principal problema esté en su relación con el mundo de la contracultura anarquista. Más bien es una cuestión de volver a pensar el problema del ‘sujeto revolucionario’. Una doctrina como la anarcosindicalista es más probable que arraigue entre los sectores más explotados del proletariado. Esto, históricamente, fue así y es lo que diferenciaba nuestra organización de la UGT.

Por supuesto, que esto no significa que haya que renunciar a atraer a otros sectores como la aristocracia obrera o el funcionariado. Pero esto no se puede hacer como en su momento lo hizo Salvador Seguí: diluyendo el discurso anarquista revolucionario y mirando de atraer a sectores del catalanismo. En todo caso, que sea porque nuestra actividad autónoma logre arrastrar a estos sujetos y no ir nosotros hacia ellos en un intento de mendigar su atención. Es increíble hacia donde se ha llegado por no entender que la manida táctica de moderar el discurso para atraer a la gente, en lugar de repensar a quien pretendes llegar en primer término, nunca ha funcionado ni funcionará.

                         

                        Alma apátrida

 

T-1000 y T-800

https://www.youtube.com/watch?v=VgivXlu-5c8&list=RDVgivXlu-5c8&index=1

 

Los muchachos de la CIT

https://www.youtube.com/watch?v=kuSs_zqMboU

 

Bibliografía:

SECRETARIA CONFEDERAL DE FORMACIÓN Y ESTUDIOS Una revolución para el s. XXI CNT – Comité Confederal – Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, 2026. Páginas 7 y 9.

GALLO DE URIOSTE, MARCELLO “No fate but what we make”: Terminator 2 y la Psicología del Yo Futuro” https://www.marcelogallo.com/ 22 de julio de 2025.

GASPARRI, MARIO Brevísima Historia del Movimiento Obrero Argentino: hasta el fin de la dictadura 1983 https://www.relats.org. Páginas 2 a 7.

MURMIS, MIGUEL y PORTANTIERO, JUAN CARLOS Estudios sobre los orígenes del peronismo Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2011. Páginas 85 y 92.

GLENDA, MIRALLES y FUNES, SILVINA La tendencia sindicalista en el movimiento obrero argentino (1900-1955) Universidad Nacional de Comahue – Facultad de Humanidades (Neuquén – Argentina), 2003-2004. Página 264.

BAR, ANTONIO La C.N.T. en los años rojos: del sindicalismo al anarcosindicalismo (1910-1926) Akal/Universitaria, 1981. Páginas 500, 560 y 561.

BURGAYA, JOSEP Populismo y relato independentista en Cataluña ¿Un peronismo de clases medias? El Viejo Topo, 2020. Página 51.

ACN La Plataforma del 3-O reivindica la jornada de vaga i "el paper de la societat civil" Diari de Barcelona 3 octubre de 2021.

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