1) Uruguay: la ruptura entre “anarco-puristas” y “anarco-dictadores”
En el año 1884, grupos de inmigrantes europeos (fundamentalmente, franceses
y españoles) fundaron en la ciudad de Montevideo y en el municipio de Las
Piedras, sendas Asociaciones Internacionales de Obreros que reivindicaron, en
seguida, la continuidad histórica con la “Asociación Internacional de los
Trabajadores (A.I.T.)”, trayendo, de igual manera, al Uruguay los ecos de la
polémica entre bakuninistas y marxistas de la Iª Internacional. Llama la
atención que sus asociaciones tenían un carácter más bien pacifista, de raíz
kropotkiniana, confiando más en la “persuasión y el buen ejemplo” que en el uso
de la violencia revolucionaria. Por otra parte, el vocero oficioso de la
sección montevideana “La Lucha Obrera” afirmaba respecto a estas ásperas
discrepancias entre los seguidores de Bakunin y Marx:
“El doctor Carlos Marx amaba extremadamente al pueblo, y su objeto era
prepararle para el día de la venganza en la forma de que derribaría a la
burguesía entronizada, tomando el pueblo su puesto. Implicaría eso la
prolongación de los privilegios. Bajo esta forma (…) no dejaría de existir el
autoritarismo lo mismo que actualmente.”.
Recogían estos obreros anarquistas uruguayos, la confianza de Kropotkin en
la “sociabilidad natural del hombre” y su avance incesante hacia la libertad,
frenado solo por la “intervención asfixiante del Estado”. Reconocían a Marx,
entonces, sus buenas intenciones, pero criticaban sus consecuencias políticas.
Estos primeros debates ideológicos e intentos organizativos desembocaron, en
1905, en la fundación de la “Federación Obrera Regional Uruguaya (F.O.R.U.)”
donde concurrieron delegados de su contraparte argentina, la F.O.R.A., quien
estaba realizando su célebre Vº Congreso. En 1913, ambas organizaciones obreras
e internacionalistas participarán en el IIº Congreso de la Confederación Obrera
Brasileña, celebrado en Rio de Janeiro y donde realizarán propuestas de acción.
El Sindicato de Artes Gráficas (SAG) y el Sindicato Único de la Aguja
(SUA), controlados por los “anarco-dictadores”, fueron los primeros en
abandonar la Federación, decisión a la que se sumaron otros gremios. Estos
constituyeron el “Comité Pro Unidad Proletaria (CPUP)” para luego intentar
recuperar la F.O.R.U. desde dentro. Esta al final acabó escindida en dos
partes: La F.O.R.U. de la calle Cuareim (“anarco-puristas”) y la de Rio Negro
(“anarco-dictadores”) convocando esta última a un “Comité Pro Unidad Obrera
(CPUO)” que daría lugar a la “Unión Sindical Uruguaya (U.S.U.)”. Estos últimos
tendrán un aliado singular en el Partido Comunista, de la primera etapa
bolchevique ultraizquierdista (antes de los frente-populismos estalinistas),
alianza usada por los “anarco-puristas” para cargar contra ellos. De todas
maneras, esta relación anarco-dictadora/comunista nunca será pacífica pues:
“Los libertarios estaban dispuestos a aceptar la dictadura proletaria
ejercida por los sindicatos como una etapa entre el capitalismo y la anarquía,
pero nunca a tolerar la organización de un partido que hiciera política,
considerada una de las más “aberrantes” actividades humanas. Por eso el romance
que los comunistas buscaron con los anarco-dictadores nunca fue correspondido”.
2) España: sindicalismo revolucionario y anarquismo
De igual forma que en Uruguay, entonces, el movimiento obrero libertario
español también participó de este debate, a partir de la Revolución Rusa de
1917. Para los sindicalistas revolucionarios (como Carbó y Quintanilla),
organizados en C.N.T., la asunción de la idea de dictadura proletaria no supuso
una contradicción esencial con su doctrina. La C.N.T. no se definirá como,
netamente, anarcosindicalista hasta el Congreso Nacional de 1919 y, por lo
tanto, la tendencia sindicalista revolucionaria era predominante, aun, al
principio. Recordar que esta se basa en una defensa de los sindicatos como
organizaciones dirigentes de la revolución, en un rechazo a los partidos
políticos obreros y al parlamentarismo, pero no, necesariamente, en una
finalidad social y política anarquista: a lo mucho en una defensa, no muy
definida, de los sindicatos obreros como gérmenes de la futura organización
social y económica.
3) Una hipótesis: el peso del elemento intelectual
Yo creo que la clave está en esta denuncia que hacían los “anarco-dictadores”
uruguayos del peso de los “elementos no federados” en la F.O.R.U. y que, en
España a diferencia de Uruguay, se incorporarán, orgánicamente, de forma masiva
a los sindicatos a partir de la Conferencia Anarquista, celebrada en Barcelona,
en el invierno de 1918: son los anarquistas específicos que, en la República
rioplatense, tendrán un fuerte componente intelectual. Como nos recuerda
Alberto Zum Felde en “Proceso intelectual del Uruguay” (1941) existió en
Montevideo en aquella época el “Centro Internacional de Estudios Sociales” cuyo
lema era “El individuo libre en la comunidad libre” y donde se estudiaba a
Bakunin, Kropotkin, Reclus, Grave y Malatesta. En un primer momento, el
elemento obrero criollo fue impermeable a esta propaganda (pues aun estaba
sujeto a las formas de dominación política caudillistas de los partidos blanco
y colorado) no así los obreros españoles e italianos, así como los intelectuales
jóvenes del país (Florencio Sánchez, Roberto de las Carreras, Armando Vasseur,
Ángel Falco, Edmundo Bianchi…).
“Y tal clase de cultura intelectual, desordenada, precipitada, unilateral,
obrando sobre mentalidades sin preparación necesaria, carentes de bases,
produjo en mayoría el tipo de intelectual de café, ideólogo ingenuo y
superficial, pero cuya pseudoautodidaccia estaba abroquelada de una suficiencia
y de una audacia sólo comparables a la de bachilleres y titulados egresados
recién de su universidad y armados con la sabiduría universal de sus textos”.
¡Ojo con este párrafo! El enfoque positivista y evolucionista de Zum Felde
es evidente: la “democratización de la cultura” en un escenario, supuestamente,
no preparado aun para ello, llevaría a la aparición del “intelectual de café”
como arquetipo demagógico y populista en oposición al intelectual académico,
hasta el momento el único existente en Uruguay, defensor del individualismo
liberal spenceriano. Ahora bien, aunque rechacemos este enfoque positivista y
entendamos a este “intelectual de café” como el único que podía aparecer bajo
esa heterogeneidad social (clase obrera criolla/clase obrera cosmopolita/intelectuales)
y en esas condiciones concretas de la lucha de clases (caudillismo blanco y
colorado/anarquismo y socialismo) eso no significa que no pueda explicar, en
parte, las características sociológicas de esos “elementos no federados” en la
F.O.R.U. que denunciaban los “anarco-dictadores” que darían lugar a la U.S.U.
La escritora argentina Claudia Gilman nos dice, en su obra “Entre la pluma
y el fusil: debates y dilemas del escritor revolucionario en américa latina”
(2003) lo siguiente:
“En América Latina, la importancia de las tareas intelectuales fue
directamente proporcional a la deficiente conformación del mercado como
legislador de la cultura y vehículo de criterios propios de valoración de sus
productos”.
Pero, entonces ¿No tendría eso también, como consecuencia, que los aspectos
doctrinales adquirieran mayor peso y que, incluso, llegaran a provocar
fracturas orgánicas que en otras latitudes no ocurrieron?
4) Conclusiones
Capaz que este debate hoy en día, con el desarrollo de lo que llamó la “Escuela
de Frankfurt” (Horkheimer, Adorno, Marcuse…) “Industria Cultural” (cine,
literatura, videoclips…), no tenga ya tanto sentido. Es obvio que lo que
difunde esta, mayoritariamente, no es “cultura” en un sentido humanístico, pero
si lo es en el sentido sociológico, como símbolos que sirven para socializar
determinados valores. Los filósofos de la “Escuela de Frankfurt” pensaban que
podían oponer, a la alienación de los individuos que promovía la “Industria
Cultural”, la cultura humanística. Era una propuesta, como han dicho algunos
críticos, des de una izquierda académica, algo elitista y alejada de las masas.
Los miembros de la Internacional Situacionista (como Guy Debord) dirán, por el
contrario, que los símbolos de la “cultura de masas” (“el espectáculo”) pueden
resignificarse para luchar contra el sistema que los engendra.
Y en relación al tema inicial del artículo. Si el peso del elemento
intelectual condicionó la visión que se tenía, des del anarquismo, de la noción
de dictadura proletaria ¿En qué sentido puede hoy condicionar la visión de
apuestas similares que no pasen por un doctrinarismo ortodoxo, por un “purismo
ideológico”, sino por construir una “teoría revolucionaria” a partir de los
mismos hechos como hicieron, por ejemplo, “Los Amigos de Durruti” de Jaime
Balius y Pablo Ruiz?
Finalmente, me parece necesario hacer algunos apuntes sobre la noción misma
de “dictadura del proletariado”. Se trata de un concepto marxista bastante
polisémico, pues si bien para el Lenin de las “Tesis de Abril” significa la “dictadura
de un partido” para Rosa Luxemburgo significaba la dictadura “del conjunto de
una clase”. Si Durruti habló de “dictadura democrática del proletariado” (según
lo cita Cesar M. Lorenzo en su obra “Los anarquistas españoles y el poder”)
para referirse, que en el plano económico, regia el control de los sindicatos
y, en el plano político, una pluralidad de opciones, para Etienne Balibar
(filosofo marxista francés discípulo de Althusser) la dictadura proletaria no
debe ser, necesariamente, la dictadura de un partido, de la misma manera, que
la dictadura burguesa (lo que llaman “democracia representativa”) tampoco lo
es.
Aquí lo dejo.
Alma apátrida
Bibliografía:
ZUBILLAGA, CARLOS y BALBIS, JORGE Historia del movimiento sindical
uruguayo. Tomo IV Cuestión social y debate ideológico Ediciones de la Banda
Oriental. Montevideo, 1992. Páginas 26 y 29.
MECHOSO, JUAN C. Acción directa anarquista: Una historia de FAU Editorial
Recortes, 1990 (?). Páginas 18 y 22.
LÓPEZ D’ALESANDRO, FERNANDO Historia de la izquierda uruguaya: la
fundación del Partido Comunista y la división del anarquismo (1919-1923) Vintén
Editor, junio de 1992. Páginas 246, 247, 248, 250, 260, 261, 262 y 263.
BAR, ANTONIO La C.N.T. en los años rojos: del sindicalismo
revolucionario al anarcosindicalismo (1910-1926) Akal/Universitaria, 1981.
Páginas 481, 502, 504, 694, 695 y 696.
ZUM FELDE, ALBERTO Proceso intelectual del Uruguay y critica de su
literatura Editorial Claridad. Montevideo, 1941. Páginas 211, 212, 213 y
214.
GILMAN, CLAUDIA Entre la pluma y el fusil: debates y dilemas del
escritor revolucionario en américa latina Siglo Veintiuno editores S.A.,
2012. Página 65.
LORENZO, CESAR M. Los anarquistas españoles y el poder Ruedo Ibérico, 1972.
Páginas 47 y 48.







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ResponderEliminarNo sé si quisiste dar a entender que la FORA era una especie de federación de sindicatos (sociedades de resistencia -al capital- se le llamaba y llama aun) para anarquistas exclusivamente en vez de estar abierta a los trabajadores en general (a varias personas les escuché ya eso), pero en todo caso no es cierto. La FORA estaba y está abierto a todos los trabajadores que acepten sus acuerdos, independientemente de su ideología; la confusión supongo que viene por la creación de la FORA V Congreso en 1915, que abandonaba la neutralidad ideológica para pasar a recomendar la difusión del comunismo anárquico, pero esto mismo le sucedió a la CNT en 1919 y nadie dijo nunca que fuese un sindicato específico o exclusivo para anarquistas...
ResponderEliminarSería largo de desarrollar pero Antonio Bar en "La CNT en los años rojos" diferencia el planteamiento de "movimiento obrero anarquista" de la FORA V Congreso del anarcosindicalismo de la CNT por su mayor peso del componente intelectual y doctrinal. Supongo que es una interpretación discutible como todas pero la defensa de un anarquismo más humanista por militantes como Abad de Santillán que paso años en Argentina es un ejemplo de ello.
EliminarHola alma apátrida, no sé a qué se referiría exactamente Antonio Bar en ese libro, pero milito en la FORA-CIT y la diferencia entre el forismo ("movimiento obrero anarquista") y el anarcosindicalismo es que la FORA, siguiendo la idea de Diego Abad de Santillán (que luego cambió en favor del anarcosindicalismo; y de ahí su libro "El organismo económico de la revolución"), se concibe únicamente como una federación de "sociedades de *resistencia* al capital" cuya función se limita a mejorar la vida de los trabajadores *en el capitalismo* mientras les crea conciencia de clase y les politiza (en la solidaridad, la horizontalidad, y el comunismo anárquico), pero *no tiene ninguna función en la etapa de construcción y gestión postrevolucionaria*, al revés de lo que defendían los sindicalistas revolucionarios y los anarcosindicalistas.
EliminarAsí que la FORA se diferencia del sindicalismo revolucionario en que 1) no es neutra ideológicamente (neutralismo defendido por Malatesta y Luigi Fabbri entre otros) y recomienda la difusión entre los trabajadores del comunismo anárquico, 2) además de que tampoco concibe al sindicato como gestor de la economía postrevolucionaria (cosa en la que sí coincide con Malatesta, Luigi Fabbri y otros tantos que seguían un anarquismo más decimonónico); y se diferencia del anarcosindicalismo 1) también en esa cuestión, pero se asemeja 2) en que no es neutra ideológicamente y defiende el comunismo anárquico o comunismo libertario. Como ves, el anarcosindicalismo es una mezcla entre el sindicalismo revolucionario y el "movimiento obrero anarquista" que defendía en sus inicios Diego Abad de Santillán y al que luego renunció en pos del anarcosindicalismo.
Y ya está, esas son sus diferencias y similitudes, pero nada que ver con que en la FORA se admitiesen en su momento o admitan hoy *solo* trabajadores anarquistas; en la FORA podían entrar y pueden entrar todos los trabajadores que lo deseen sin importar su ideología o creencias religiosas, etc., y solo se les exige que acepten sus acuerdos.
Hola
EliminarMuchas gracias por tu comentario. Había aspectos que no conocía como eso de que la FORA no otorgaba un papel a los sindicatos en la construcción y gestión post-revolucionaria. Eso creo que es mucho más acorde al anarco-comunismo. Por otra parte, cuando digo que la FORA era más acorde a construir una "especifica obrera anarquista" no quiero decir, propiamente, que no pudieran afiliarse trabajadores no anarquistas sino que el objetivo es que lo llegaran a ser en un futuro, que no es lo mismo. Antonio Bar dice en "La CNT en los años rojos" (pàg. 692)
" (...) frente al sindicalismo revolucionario y frente al anarcosindicalismo, esta corriente pretendía la existencia de un movimiento obrero anarquista. No un sindicalismo condicionado o dirigido desde fuera por el anarquismo, sino un movimiento anarquista integrado en el movimiento obrero".
Es decir, no aceptaba la "trabazón" de dos organizaciones (una sindical y otra especifica: CNT y FAI en el caso español) sino que la FORA del Vº Congreso era un sindicato-especifica digámoslo así. Y a mi entender, y eso es mi opinión personal, es un error pretender (aunque sea a posteriori) ideologizar al conjunta de la clase obrera pues los anarquistas siempre han sido minorias activas y es bueno que así siga siendo. Me conformo con que el grueso de la afiliación tenga practicas libertarias. Otra cosa es como funcione hoy en dia que no lo sé.
Otra cita de Antonio Bar (pág. 693):
"(...) como ya vimos también en la critica que se hacía al anarcosindicalismo, esa inspiración ideologica del movimiento obrero no podia realizarse desde fuera, desde la existencia de unas organizaciones anarquistas separadas del movimiento obrero, dado que ello supondria un dirigismo intolerable y, en el fondo, actuar como los demás partidos políticos. Había que crear un movimiento anarquista integrado, des del seno mismo de las organizaciones obreras".
Por otra parte las ideas de Santillán eran criticas con el materialismo, el economicismo, a veces a la misma idea de clase social, defensa del humanismo etc. Y fue uno de los más destacados teóricos de la FORA junto a Emilio Lopez Arango que publicaba en "La Protesta".
Salud y anarquia.
Bien, solo quería aclarar que la FORA ni fue ni es un sindicato constituido por y para anarquistas, sino que está abierto a toda la clase trabajadora. Lo del sindicato para anarquistas se lo he escuchado a varias personas ya, incluido a Julián Vadillo en una charla, y no sé de donde sale esa idea falsa pero parece que tiene bastante predicamento.
EliminarY sobre el sindicalismo de tendencia anarquista (como el forismo y el anarcosindicalismo) y el sindicalismo neutro (como el sindicalismo revolucionario u otros corporativos o reformistas)... Malatesta y otros de su generación defendían el sindicalismo, pero un sindicalismo ideológicamente neutro (que además no tendría razón de ser en el momento post revolucionario; no aceptaban entonces ni el sindicalismo como gestor en el momento post revolucionario ni el sindicalismo significado ideológicamente) por miedo a crear rechazo entre los trabajadores no anarquistas y divisiones en la clase obrera (la idea era conseguir un sindicato unitario en vez de varios sindicatos, como quienes en su momento defendían la fusión de la UGT y la CNT en uno), pero para combatir la tendencia inherente del sindicalismo al reformismo proponía influirlo ideológicamente gracias a la participación en los mismos de los miembros del "partido anarquista" (la organización específica anarquista, como por ejemplo la FAI en España) quienes propagarían las ideas y darían ejemplo para atraer a lo s trabajadores a sus postulados organizativos y de actuación (a esto le llaman los especifistas --activos por aquí, y creo que ahora también por España- el "dualismo organizativo"); esto era rechazado por Diego Abad de Santillán y López Arango, quienes defendían unir al sindicato y al partido en uno, creando un sindicato de tendencia anarquista (como luego fue la propia CNT y el anarcosindicalismo en general), ya que veían que en la práctica se creaban sindicatos de clara tendencia marxista y les iban a "comer el terreno" si no.
Creo que el tiempo le dio la razón al anarcosindicalismo, que no asustó a los trabajadores y que hizo una muy buena propaganda de las ideas libertarias entre ellos.