1) Introducción: “Nacionalismo
y Cultura” una obra de referencia
“Nacionalismo y Cultura”, escrita
a principios de los años 30 del siglo pasado, es la principal obra teórica del
anarquista alemán Rudolf Rocker (1873-1958): obrero encuadernador y de
formación autodidacta y uno de los principales promotores de la reconstrucción,
en 1922, de la “Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT)”, bajo la
defensa de la trabazón entre sindicalismo y anarquismo. Se trata de una obra
erudita donde, a través del análisis de diferentes entidades políticas
históricas (como las Ciudades-Estado griegas, el Imperio Romano, al-Ándalus,
Prusia y los principados germánicos etc.) llega a la conclusión que el
desarrollo de la cultura, entendida en un sentido humanístico, ha sido más
propicio en períodos de fragmentación política y uniones territoriales laxas.
En cambio, según el autor, los
procesos de centralización política (con la creación de los Estados-Nación e
ideas asociadas como el racismo y el imperialismo) han ido en detrimento de
esta. Es sabido que, dentro del anarquismo, existe un abanico de posturas
teóricas que van del más acerado comunismo al más irreverente individualismo.
Esta obra de Rudolf Rocker, entonces, se acerca al segundo extremo, pero sin
llegar, ni mucho menos, a posturas como las de Max Stirner, Emile Armand o
Renzo Novatore. Ahora bien, en ella, llega a oponer el liberalismo a la
democracia (liberalismo que hay que entender, fundamentalmente, como político
pues también afirma que este no puede concretar su ideal debido a la existencia
de la sociedad de clases) y desconfía del radicalismo igualitario, el cual
considera que entraña un peligro totalitario.
2) Al-Ándalus en el “Nacionalismo y Cultura” de Rocker
Vaya por delante que, como
alguien que se define anarco-comunista, no comparto, en líneas generales, el
enfoque ideológico de la obra. Aun así, me sorprendieron gratamente las páginas
dedicadas a la civilización andalusí que hay en el libro. Pues hace tiempo que
vengo buscando, en la producción teórica de los clásicos anarquistas,
referencias al mundo árabe y al islam ya que lo considero importante de cara a
repensarnos ideológicamente, como libertarios, en el escenario social
intercultural de nuestros días. Así, en el capítulo VII “La unidad nacional y
la decadencia de la cultura” critica al Imperio Visigodo por haber arrebatado a
los habitantes iberorromanos el territorio, haberlo entregado a la nobleza y al
clero y haber convertido el granero de Roma, en el decurso de algunos siglos,
en un desierto.
En cambio, afirma que, con la
derrota del último de los reyes godos por el caudillo árabe Tarik, y la entrada
de las huestes musulmanas, a las que se agregaron gran número de judíos que,
precisamente, habían huido, en su momento, de los procesos de conversión
forzosa al cristianismo, del Rey godo Sisebuto, se da la siguiente situación:
“El país, completamente
devastado por el feudalismo godo, se transformó en breve tiempo en un jardín
floreciente: con la construcción de gran número de canales y la instalación de
un sistema de riego artificial, se desarrolló la agricultura en un grado como
no lo había visto España antes ni lo ha vuelto a ver jamás”.
Rudolf Rocker señala, también, el
imponente desarrollo urbano (“seis grandes ciudades, trescientas villas y
mil doscientas aldeas”), el desarrollo de la minería, las artes y las
industrias que difundieron en el país el bienestar y las necesidades culturales
superiores (señala que mientras en Europa, en los siglos X y XI, no funcionaban
más que dos universidades y no había ninguna biblioteca, en la España musulmana
había más de setenta y la de Córdoba contaba con 600.000 manuscritos). El
teórico anarquista alemán sigue enumerando otros avances, en las áreas de la
arquitectura, la música etc., pero, a mi entender, lo realmente relevante de
sus apuntes, en el sentido del enfoque teórico de la obra, es que:
3) Umma y Asabiya: una
reflexión filosófica libertaria
Rocker señala que la dinastía de
los Omeyas nunca logró, en sus 300 años de existencia, empuñar las riendas del
Estado ni dar forma unitaria al país. Estos intentos daban lugar a
sublevaciones e incluso a destituciones de los califas. Pero también indica que
esto no fue en detrimento del progreso cultural, sino más bien lo contrario, al
no tener que soportar este el peso de la autoridad política. Ahora bien, el
conflicto que, según el planteamiento de Rocker, experimentó el califato de
Abderramán III no deja de representar la dialéctica árabe-islámica entre “Umma”
y “Asabiya”: la primera hace referencia a la “comunidad de los creyentes”
liderada por el Califa y la segunda a la “solidaridad tribal” como un vínculo
social que subyace a la pretensión universalista de la primera.
¿Pero acaso centralización
política e igualitarismo radical no van ligados? ¿Acaso cuando Rudolf Rocker
critica que las ideas comunistas vienen del jacobinismo no está obviando que el
ala izquierda de este eran los parias sans-culottes? ¿Acaso cuando los
anarco-comunistas “Amigos de Durruti” defendían una Junta Revolucionaria, con
atribuciones políticas, no estaban atentando contra el confederalismo? ¿Acaso
no lo estaban haciendo también los del Comité Ejecutivo del Movimiento
Libertario pero esta vez para silenciar a los sectores díscolos del anarquismo
español? ¿Acaso el confederalismo no puede llevar a la generación de asimetrías
sociales al no existir la implantación de ciertos criterios comunes o al ser
estos muy mínimos? ¿Acaso no existe, en definitiva, un conflicto entre la
defensa de la igualdad y la diversidad?
El pensamiento del filósofo
andalusí zaragozano Avempace (Ibn Bayya) tiene una fuerte impronta individualista. A diferencia de al-Farabi, Ibn-Sina y de su seguidor Ibn Rushd
(Averroes) no admite que solo en el “Estado ideal” sean posibles la perfección
y la felicidad humanas: sino que forma parte de una senda personal. Considera
que a través de la virtud ética se promueven una serie de relaciones sociales
que llevan a la perfección del Estado. Pero en todo caso esto es independiente
del ejercicio de funciones políticas. Se trata de una existencia aislada, como
solitario (“mutawahhid”) cuyas “opiniones verdaderas” y “conducta impecable”
sirven de ejemplo a los demás. En términos parecidos, se manifestaba el
politólogo Robert Michels, cuando decía que el “dominio” de los anarquistas no
venía de su “indispensabilidad técnica” sino del “ascendiente intelectual y la
superioridad moral”. Y en el capítulo XII “Problemas sociales de nuestro
tiempo”, Rudolf Rocker concluye:
“También para el socialismo
importa hoy redescubrir al hombre que ha perdido tras un desierto de conceptos
muertos, de vacuas generalizaciones y de conceptos colectivos esquematizados”.
Cuando Rocker dice que fascismo y
comunismo no deben conceptuarse como algo distinto sino como dos formas que
tienden a lo mismo ¿Cómo hay que interpretarlo? ¿Es simplemente una crítica al
régimen soviético o va más allá? Es cierto que, en algún pasaje de la obra,
menciona que no hay que confundir, lo que se entiende en su época por
“comunismo”, con su significado original de “sistema de igualdad económica”
pero en otros pasajes afirma que la lucha de su época es entre “despotismo” y
“libertad”, elogia a la Escuela Tecnocrática estadounidense y hace una defensa
de la “Economía corporatista” sin mayor desarrollo de a lo que se refiere con
eso. Personalmente, si bien “Nacionalismo y Cultura” me parece una obra
interesante, considero que no profundiza suficiente, en algunas de las
polémicas ideas que plantea, y no comparto, del todo, varias de las
afirmaciones que hace.
En relación a esto, el teórico
anarco-comunista ruso Piotr Kropotkin siempre estuvo convencido de que las “verdades”
del anarquismo eran científicamente verificables. Siendo así que partía, en
cierta manera, de unos axiomas no cuestionados que miraba de verificar. Este
paralelismo nos lo muestra el científico social Jim Mac Laughlin en su obra “Kropotkin
y la tradición intelectual anarquista” (2016):
Pero ¿Acaso partir de estos axiomas
de la ciencia de la época, muchos de los cuales luego se han demostrado falsos,
como el positivismo o el evolucionismo racista, no es parecido a lo que
criticaba Rudolf Rocker en un socialismo que no hacia un esfuerzo por redescubrir
al hombre detrás de los conceptos muertos? ¿Acaso Kropotkin no los daba por
revelados de forma parecida a como hacía Averroes con la Sharía? Pudiera
ser, pero aún así Kropotkin era más parecido, en todo caso y salvando las
distancias históricas e ideológicas, a los divulgadores “mutakallimun” que al
elitismo intelectual de Averroes.
5) Conclusiones
Aun aceptando que la tesis de
Rudolf Rocker fuera cierta para el caso de al-Ándalus (de que el desarrollo de
la cultura, en un sentido humanístico, haya sido más propicio en épocas de
fragmentación política y uniones territoriales laxas) esto no soluciona la
tensión entre “Umma” y “Asabiya”, como el comunismo libertario de Piotr
Kropotkin no lo hace, definitivamente, con la de igualdad y diversidad. A mí me
parecen, hasta cierto punto, comprensibles, las reflexiones de Rocker en un
contexto histórico en el que estaba huyendo del totalitarismo nazi y en el que
la contrarrevolución estalinista había pervertido el significado de la palabra “comunismo”.
Alma apátrida
Bibliografía
ROCKER, RUDOLF Nacionalismo y Cultura
Ediciones Antorcha. Madrid, 2020. Páginas 481, 482, 483, 485, 486, 622,
633, 636 y 638.
CAHEN, CLAUDE El Islam. I.
Desde los orígenes hasta el comienzo del Imperio otomano Siglo veintiuno México-España
– Historia universal siglo XXI, marzo de 1972. Páginas 130 y 131.
ROSENTHAL, ERWIN I. J. El
pensamiento político en el islam medieval Revista de Occidente – Biblioteca
de Política y Sociología, 1967. Páginas 171, 174, 187, 188, 192 y 193.
MICHELS, ROBERT Los partidos
políticos II: Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la
democracia moderna Amorrortu editores – Biblioteca de sociología, abril de
2003. Página 146.
MAC LAUGHLIN, JIM Kropotkin y
la tradición intelectual anarquista Ariel, junio de 2017. Página 128.






.jpg)

Comentarios
Publicar un comentario