Inmigración colombiana en la España del siglo XXI: algunos apuntes sociales y libertarios

1) Introducción: Colombia ya es la primera nacionalidad en número de emigrantes llegados

Este 12 de febrero de 2026, “Infobae”; diario digital latinoamericano, fundado en Buenos Aires, con fuerte presencia en España, comentaba que el crecimiento demográfico de esta ha alcanzado un ritmo sostenido y notable, impulsado casi en exclusiva por la inmigración. Y mencionan que los emigrantes llegados de Colombia se han convertido en los primeros, en número, desbancando a los originarios de Marruecos. Este dato no nos puede ser indiferente a quienes, como anarquistas y revolucionarios, pensamos que el internacionalismo es también un internacionalismo “hacia dentro” de las sociedades y no, exclusivamente, algo que tenga que ver con la solidaridad con las luchas que ocurren en otros lares: rescatando una afirmación del trotskista Josep María Antentas en su libro “Espectros de Octubre” (2018).

Así, en el año 2015, la científica social Balvina Rodríguez Benavides publicó “Inmigración Colombiana en la España del Siglo XXI: Historias de vida e imaginarios sociales” donde, combinando datos estadísticos e historias de vida, nos hace un análisis de este “colectivo” en España. Asegura, entonces, que la oleada migratoria más reciente, y que al final los ha llevado a ser la primera nacionalidad extranjera en este país en número de llegados, empezó a comienzos de los 90 y tuvo su punto álgido en el año 2000.

2) Sociología de las principales causas de la inmigración

Las principales razones son de corte económico y laboral, seguidas de las motivadas por la violencia y la inseguridad. Todo ello en el contexto de la ruptura, en 1989, del “pacto internacional del café”, entre países productores y consumidores, que condujo a la liberalización de su comercio y de las medidas neoliberales, a mediados de los noventa, impuestas por los organismos financieros internacionales. Ocurrió durante la presidencia del liberal Cesar Gaviria (quien había sido director de campaña de Luis Carlos Galán asesinado, en 1989, por orden del capo de la droga Pablo Escobar) quien estuvo alineado, claramente, con el “Consenso de Washington” que apoyaba la privatización de sectores clave de la economía colombiana como la telefonía y la minería (de hecho, ya a inicios del siglo XX, el presidente conservador Marco Fidel Suarez, implantó la “Doctrina de la Estrella Polar” que buscaba tener como referente a Estados Unidos en la política exterior).

Mencionar también, como hechos de violencia que permean a las altas esferas de la política, el asesinato, en el año 1990, del candidato presidencial Carlos Pizarro (excomandante de la guerrilla del M-19: seguidora de la ideología nacional-popular de Gustavo Rojas Pinilla, una suerte de “peronismo colombiano”) y la ejecución de Pablo Escobar, en 1993, en un barrio de Medellín, por la interceptación de una llamada telefónica hecha a su esposa y familia: Escobar llegó a ser miembro suplente, en la Cámara de Representantes, por el Partido Liberal así como construyó viviendas baratas y hasta un zoológico ganándose la admiración de muchos en la capital antioqueña. Estas porosidades entre criminalidad y política llevan a David Bushnell, en su ya clásico “Colombia: una nación a pesar de sí misma” (1996), a afirmar:

“Aunque la distinción entre violencia ‘criminal’ y ‘política’ a menudo resultaba complicada en la práctica, fue el segundo apelativo el que absorbió la atención de los profesionales de la naciente subdisciplina de la ciencia social colombiana llamada ‘violentología’. En mesas redondas, simposios y publicaciones, estos especialistas se unieron para condenar el fenómeno que estudiaban, si bien tendían a sostener que, en términos colombianos, la violencia política era algo históricamente ‘normal’.”

De hecho, incluso, se puede apuntar que, en el diseño curricular de los estudios en sociología de las universidades colombianas, tienden a priorizarse las “sociologías temáticas” por encima de la teoría sociológica más generalista y de estas un 54% corresponden a cuestiones de ámbito nacional donde el conflicto, la violencia y el narcotráfico comparten espacio con el análisis de las crisis, del cambio social, del medioambiente etc.

Ahora bien ¿Por qué la última afirmación? El 9 de abril de 1947, Jorge Eliecer Gaitan (dirigente liberal populista, quien había dirigido uno de sus desprendimientos políticos: la “Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria - U.N.I.R.”, para regresar después al partido matriz) será asesinado en las calles de Bogotá al salir de su oficina. Este asesinato llevó a una época conocida con el nombre de “La Violencia” (1946-1960) ya que el conflicto que se desató, posteriormente, entre liberales y conservadores costó la vida a casi 250.000 personas (un 80% hombres, jóvenes y pobres). Estos hechos marcaron un punto de inflexión en la historia política y social del país cuyos efectos se alargan hasta nuestros días.

3) Inserción de los trabajadores colombianos en el mercado de trabajo en España y Cataluña

La socióloga María Gertrudis Roa Martínez en su tesis “Mercat de treball i condicions laborals de població immigrant colombiana a tres comarques de Barcelona” (2007) nos hace una radiografía de las características ocupacionales de la población colombiana en España y Cataluña. La mayoría se insertan en el sector servicios (un 71%), seguido de la construcción (un 20%), la industria (un 6%) y finalmente la agricultura (con un escueto 3%). La precariedad laboral está muy extendida, pues un 90% de los colombianos con contrato de trabajo lo tienen temporal, cifra mucho más alta que la media de toda España. Se trata de un “colectivo” laboral ligeramente feminizado y joven (las mujeres representan un 56% del total de la población de más de 16 años, así como el 87% tienen menos de 45 años).

El estudio de Roa Martínez; al enfocarse en las comarcas catalanas del Barcelonés, Baix Llobregat y Valles Occidental, encuentra dinámicas muy parecidas a las de Cataluña y España, añadiendo que, en el año 2001, siete de cada diez eran personas activas (el 73,5% trabajaban o buscaban empleo) de las cuales el 61% estaban ocupadas y el 12,6% estaban en el paro. En cuanto a la estructura ocupacional destacan los trabajadores no cualificados (29,8%), trabajadores de servicios y vendedores de comercio (21,8%), técnicos, científicos e intelectuales (15,1%) artesanos y trabajadores cualificados en la industria y la construcción (14,5%) etc. Cabe señalar, entonces, que el 91% de los trabajadores colombianos, en las comarcas estudiadas, son trabajadores asalariados.

Ahora bien, cuando hablamos de “trabajadores no cualificados” hay que entender “no cualificados para ese trabajo” pues, de hecho, como nos recuerda la científica social Balvina Rodríguez Benavides:

“En general, el inmigrante latinoamericano tiene un perfil más cualificado para los trabajos que con frecuencia llega a desempeñar en España. Pero las condiciones en las que se concibe la inmigración les obligan a realizar las labores peor remuneradas y de bajo prestigio social. El tipo de oferta para la inmigración y la difícil convalidación de ciertos estudios superiores, son causas de esta situación".

De hecho, María Gertrudis Roa Martínez afirma incluso que, si cruzamos las variables “satisfacción laboral” y “nivel educativo” hay un comportamiento distinto entre la población inmigrante y la nacional. Mientras que en la nacional se observa una relación directa, es decir, aumenta en función de los niveles educativos más altos, en la inmigrante tiende a mantenerse en los mismos por el desajuste ocupacional de las personas inmigrantes con estudios universitarios. Balvina Rodríguez Benavides trabaja también con historias de vida, es decir, con la experiencia de personas concretas que se consideran representativas de ciertas tendencias sociales: en este caso, se da la situación de que mientras una profesional colombiana, que trabaja en el sector de la limpieza, siente que su experiencia laboral en España ha sido una perdida de tiempo, un obrero de la construcción considera que le ha permitido ahorrar el suficiente dinero.

4) Relaciones laborales y asociacionismo de los colombianos en España

Según los datos que expone la socióloga María Gertrudis Roa Martínez, el 70,6% de la población inmigrante considera que, en su lugar de trabajo, la relación entre superiores jerárquicos y personal es “bastante” o “muy buena” al contrario de la población nacional que ronda un 56,1%. Este dato puede causar estupor, pues por regla general sus condiciones laborales son peores, pero se enmarca en el hecho que el “colectivo” migrante trabaja, mayoritariamente, en pequeñas y medianas empresas o en hogares donde, usualmente, el vínculo laboral y el contacto físico con el empleador es estrecho y directo. En este sentido, el modelo “familiar” de empresa (tan común en España) lleva, en muchos casos, a formas de dominación psicológica basadas en el chantaje emocional lo que podría explicar esto.

Esto se ve de forma más clara cuando Roa Martínez aplica el enfoque de género a su estudio: hay que tener en cuenta que un numero considerable de mujeres colombianas prestan servicios de proximidad mediante el cuidado de niños, enfermos y ancianos que, unidos a la solitud y el desarraigo, hace que se establezca una dependencia emocional entre empleador y empleada, muchas veces, convenientemente explotada por el primero. Así acaba afirmando:

“El treball de camp ha revelat que algunes d’aquestes dones que han deixat el seu país d’origen pares, cònjuge o fills s’involucren emocionalment amb les persones amb qui treballen com una forma de sublimació de la solitud i l’exili”.

Por otra parte, la científica social Balvina Rodríguez Benavides afirma que los residentes colombianos en España tienen poca tendencia a asociarse, con otros connacionales, para la defensa de sus intereses (a diferencia de ecuatorianos y peruanos que lo hacen con mayor proporción). Los motivos radican en el temor a verse involucrados con sectores vinculados al narcotráfico o a los actores armados políticos que operan en su país. A esto se le añade, también, el consabido clasismo y regionalismo colombiano que impide formar organizaciones de inmigrantes incluyentes. Capaz que alguien, frente a esto, pudiera preguntarse si, desde una perspectiva anarquista, tiene algún sentido esta preocupación por la práctica inexistencia de asociaciones de colombianos en España pues, realmente, agruparse en base a criterios nacionales no parece muy acorde a nuestra forma de pensar.

Frente a esto, hay que decir que, contrariamente de lo que se desprendería de una concepción idealista y ahistórica del anarquismo, los anarquistas exiliados (y de otras corrientes ideológicas de la izquierda) y los emigrantes económicos españoles en Suramérica, en la segunda mitad del siglo XX, hicieron uso, no sin tensiones, de los recursos y contactos que permitía el asociacionismo español en la región. Eso sí, no dejaron de percibirse los quiebres de clase: el elitista “Centro Gallego” frente a la popular “Casa de Galicia” en Montevideo, por ejemplo, o el burgués “Hogar Canario-Venezolano” frente al proletario “Club Social Archipiélago Canario” en Caracas.

Balvina Rodríguez Benavides afirma, en consecuencia, que el escaso asociacionismo colombiano tiene como consecuencia que, a pesar del tamaño de la comunidad, el Gobierno español no la tenga, demasiado, en cuenta en la toma de decisiones que le afectan. Ahora bien, también señala que eso no significa que no se dé cierto “nacionalismo individual” que se traduce en una constante preocupación por la situación del país y el mantenimiento de fuertes relaciones con familiares y amigos de Colombia contribuyendo, en ocasiones, a causas humanitarias y comunitarias.

5) Conclusiones: un anarquista griego en Colombia

Evangelista Priftis, nacido en la ciudad griega de Corfú en 1886, llegó a Colombia en diciembre de 1924. Anteriormente, había militado con obreros anarcosindicalistas ecuatorianos donde se empapó de esta ideología revolucionaria y anti-estatista. Fue expulsado de la ciudad de Cali por haber dado una conferencia en el “Centro Socialista”. Los últimos días de enero de 1925 los pasó en Bogotá donde mantuvo contacto con la “Unión Sindical” (organización anarcosindicalista que, aun así, agrupó a trabajadores de distintas corrientes ideológicas). Posteriormente, se dedicó a apoyar y formar a la “Sociedad de Obreros Independientes en Aipe" (Hulia) y fue, en general, un destacado militante del movimiento obrero colombiano. El historiador Mauricio Florez Pinzón, de la Universidad Nacional de Colombia, nos dice sobre él en un estudio del anarcosindicalismo de los años 20:

“En cuanto a su corriente de pensamiento, se encuentra una influencia notoria de las ideas anarquistas, pero sin dejar de lado una intensa admiración por Lenin y los comunistas Marx y Engels”.

Nada muy diferente de ciertas hibridaciones anarco-marxistas ocurridas en lugares dispares como Venezuela (las ideas del mártir del anarco-punk caraqueño José Gregorio Romero o el colectivo RajataVla), India (las del anarco-bolchevique y patriota antiimperialista Bhagat Singh) o la misma España (defensa parcial del leninismo de “Los Amigos de Durruti” o el anarco-consejismo situacionista del Movimiento Ibérico de Liberación – M.I.L.). Así, en 2011, el “Centro de Investigación Libertaria y Educación Popular (CILEP) defendía que, si bien la recuperación del anarcosindicalismo en Colombia (en los mismos términos que en los años 20) era algo muy difícil si podía ocurrir que esta doctrina, tirando de eclecticismo, influenciara a propuestas sindicales más orientadas, históricamente, al marxismo y el leninismo: una tendencia parecida esta hoy representada por el “Grupo Vía Libre” (https://grupovialibre.org/).

De todas formas, hay que decir, y para finalizar, que existen también otras posturas anarcosindicalistas en el país alejadas de este pragmatismo y que son más “principistas” como la “Unión Libertaria Estudiantil y del Trabajo – ULET” (https://www.uletsindical.org/) sección colombiana de la “Asociación Internacional de los Trabajadores - A.I.T.”. Conocer estas iniciativas libertarias en el país de origen puede ser útil, también, de cara a desarrollar la relación que pueda establecerse entre trabajadores colombianos y los movimientos sociales, en general, y el anarcosindicalismo, en particular.

 

                                                                                       Alma apátrida                                                                                                                                              

Bibliografía:

AGUDELO, FRANCY Uno de cada cinco habitantes de España es originario del extranjero según último censo: los colombianos son la nacionalidad más numerosa https://www.infobae.com/ 12 Feb, 2026.

RODRIGUEZ BENAVIDES, BALVINA Inmigración Colombiana en la España del Siglo XXI: Historias de vida e imaginarios sociales Publicia – Universidad de León (Tesis Doctoral), 2015. Páginas 20, 29, 30, 31, 182 y 183.

LAROSA, MICHAEL J. y MEJÍA, GERMÁN R. Historia Concisa de Colombia (1810-2013): Una guía para lectores desprevenidos República de Colombia - Ministerio de Cultura, Pontificia Universidad Javeriana, Universidad del Rosario, 2013. Páginas 114 y 139.

BUSHNELL, DAVID Colombia: una nación a pesar de sí misma (de los tiempos precolombinos a nuestros días) Planeta, 1996. Páginas 278, 345, 346, 362, 363 y 358.

PAZ RUEDA, ANA LUCÍA y ARBOLEDA CABANILLAS, LILIANA La enseñanza de la sociología en Colombia: los retos de la formación hibrida editorial Universidad Icesi, 2023. Página 61.

ROA MARTINEZ, MARIA GERTRUDIS Mercat de treball i condicions laborals de població immigrant colombiana a tres comarques de Barcelona Generalitat de Catalunya – Consell de Treball Econòmic i Social de Catalunya – Universitat de Barcelona (UB), novembre de 2008. Páginas 53, 104, 106, 108, 109, 110, 346, 347 y 362.

FLÓREZ PINZÓN, MAURICIO El anarcosindicalismo en Colombia de 1924 a 1928 y ALFREDO BURBANO, LUIS Alternativas a la crisis sindical colombiana desde la perspectiva del anarcosindicalismo en CENTRO DE INVESTIGACIÓN LIBERTARIA Y EDUCACIÓN POPULAR Pasado y presente del anarquismo y del anarcosindicalismo en Colombia Libro de Anarres – Terramar Ediciones – Ediciones CILEP – Colección Utopía Libertaria. Buenos Aires, 2011. Páginas 59, 68, 69, 71, 74, 153 y 173.

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